RELATO

Pregón Fiestas barrio de La Viña, 23-06-16
 

          Señoras y Señores Concejales, Señor Alcalde Pedáneo, Señor Presidente de la Asociación de Vecinos La Viña y miembros de su Junta Directiva, Juntas Directivas del Centro de Mayores, Centro de la Mujer y Asociación Juvenil, vecinos y visitantes que nos acompañan, amigos todos.
        En primer lugar, y como no puede ser de otra manera, quiero expresar mi más profundo agradecimiento a la Junta Directiva de la Asociación de Vecinos por este nombramiento de pregonero de las fiestas, lo que desde el primer momento, acepté y asumí con mucha responsabilidad, pero a la vez con entusiasmo e ilusión, la ilusión que te da el saberse elegido por tus vecinos y por tu gente.
        El 31 de mayo de 1986, es decir hace solo unos días que ha hecho 30 años, fue inaugurado el Centro Social de esta Asociación, que fue precursora del movimiento vecinal de nuestra ciudad. Aquellos primeros vecinos, muchos aquí presentes, o padres e incluso abuelos de quienes hoy estáis aquí, se reunían para demandar soluciones a las necesidades básicas de un barrio joven.  Hacía falta la luz, el agua, asfalto para las calles, colegios para nuestros niños, en definitiva todo aquello necesario para un barrio que empezaba.
        Y después vinieron las fiestas, aquellas fiestas familiares y entrañables  en las calles a la luz de una farola, en las que los vecinos del primero ponían las mesas y las sillas, los del segundo la tortilla, los del tercero unas patatas con ajo, o se hacían unas migas.
        Las fiestas se fueron haciendo grandes, y recuerdo a los vecinos ir al Camino Viejo del Puerto a recoger postes de la luz o de teléfonos, y transportarlos al hombro para traerlos hasta aquí, y ponerlos en las calles en donde aún no había fachadas, para que se pudieran sujetar a ellos las banderas que engalanaban y daban color al barrio.  Recuerdo aquellas dianas floreadas de la Banda del desaparecido Regimiento Mallorca 13, o el chocolate y churros de la Peña Los Mineros, y también aquellas fallas realizadas con tanto esmero y cariño,  que llegaban a ser verdaderas obras de arte. Aquellas fiestas que se convirtieron en un referente de las fiestas de barrio  en Lorca.
       La Viña ha sido siempre ejemplo a seguir, y en 2008 a su Asociación de Vecinos junto con la de San Cristóbal, curiosamente mi otro barrio, el que me vio nacer, le fue concedida por el Excmo. Ayuntamiento el Diploma de Servicios Distinguidos a la Ciudad de Lorca, como precursoras ambas del movimiento vecinal. Los jóvenes tenéis la obligación de coger el testigo de vuestros padres, de vuestros abuelos, y mantener unido a este barrio, pues unidos es como se consiguen la cosas, y seguir engrandeciendo estas fiestas que desde hace casi cuarenta años se celebraron de manera ininterrumpida hasta 2011, en el que una tragedia vino a perturbar y a cambiar nuestras vidas, una tragedia que se cebó particularmente con este barrio y con nosotros, sus vecinos. Pero las gentes de La Viña, como las de toda Lorca, somos fuertes, pues nuestro carácter se ha forjado a base de superar las dificultades que la historia nos ha ido poniendo en el camino, y por eso este barrio y esta ciudad bullen y están vivos.
       Aunque es momento de alegría y diversión, es obligado recordar hoy a todas aquellas personas que ya no están y que pusieron su granito de arena para que este barrio y estas fiestas hayan llegado hasta aquí. Recuerdo a muchas de ellas, no diré nombres para evitar olvidar a alguien, pero ellos están en la mente de todos y su recuerdo perdura en nuestros corazones.
       A continuación celebraremos el acto de homenaje al Viñero del Año, Viñera en esta ocasión, y aunque será entonces cuando se hará el reconocimiento que se merece, por tratarse de quien, alguien con quien trabajé muchas horas durante muchos años, no me puedo resistir a expresarle mi más sincera enhorabuena por tan justo y merecido nombramiento.
       ¡Vecinos!, desde las calles Dr. Pallarés Cachá y Rubén Darío al Camino Viejo del Puerto, desde la Rambla de las Chatas a la Rambla de las Señoritas, olvidémonos por unos días de nuestros problemas cotidianos, y con mesura pero con alegría e ilusión disfrutemos de nuestras fiestas.
       No sin antes reiterar de nuevo a esta Junta Directiva mi agradecimiento por concederme este honor, quiero terminar con un sencillo poema, concretamente un soneto que escribí hace algunos años, y que ahora sé que estaba esperando una ocasión como esta:
Se acerca el día del Santo Patrón
La Viña con impaciencia lo espera
se iniciará todo con un pregón
la fiesta empezará de esa manera.
 Se vivirán momentos de emoción
pues Lorca estos días será viñera
y viviremos con toda ilusión
la tradicional quema de la hoguera.
 La vida permanecerá alterada
seremos varios días una piña
se mantendrá la calle engalanada.
 Y en los bellos ojos de aquella niña
se veía la alegría reflejada,
era el general sentir de La Viña.
 
 FELICES FIESTAS Y MUCHAS GRACIAS.
 
 
 

 
Herido en el alma

        Mañana del 11 de Marzo de 2.004. Como de costumbre entro a desayunar en alguno  de los bares de mi barrio. Algo ha ocurrido, todos están pendientes de la televisión, no pregunto nada, pero pongo cara de interrogación y la señora que atiende la barra dice: “un atentado en Madrid”. “Esta vez se han pasao” comenta otro hombre a mi lado. Siempre que ocurre algo de ésto se pasan, pienso yo interiormente. En la cafetería todo el mundo sigue pendiente de la televisión y en la mente de todos se señala a los de siempre. (No fueron los de siempre, pero eso no importa ante semejante barbarie).

         La mañana va pasando, curiosamente me encuentro en el hospital acompañando a un familiar enfermo, y la tragedia va adquiriendo medidas insospechadas. Sigo los acontecimientos y un sentimiento de rabia y de ira se apodera de mí.
         Ninguna monstruosidad de este calibre tiene cabida en ningún lugar del mundo, pero es que además tenía que ser en Madrid, ciudad que por tantos y tantos motivos llevo en el corazón. Mi primer pensamiento, ineludiblemente para la mucha buena gente que allí conozco. Mil interrogantes: ¿Quién sabe? ¿Alguno quizás está en esos trenes malditos?
         El día sigue avanzando, poco a poco  voy contactando con mis amigos, todos están bien y siento sensación de alivio, pero es solo un espejismo, porque viendo las imágenes que nos ofrecen todas las cadenas de televisión, me invade un profundo desasosiego. No conozco a ninguna de las víctimas, pero a todas las siento infinitamente cercanas. Siento que han atentado contra todos y contra todo. En esos trenes de la muerte iban todo tipo de personas: españoles y extranjeros, blancos y negros, cristianos y musulmanes, hombres y mujeres, ciudadanos todos, que acudían como cada día  a sus responsabilidades: a trabajar o a estudiar, en definitiva a cumplir cada cual con sus obligaciones, para seguir luchando por ellos y por sus familias, para seguir haciendo grande a este país.
         Varios días después de este atentado brutal, con el mismo sentimiento de rabia y de ira, pero con la serenidad que proporciona el paso del tiempo, analizo lo ocurrido, y percibo lo curioso que es comprobar como se pueden condensar ante un mismo hecho, las dos caras antagónicas de la condición humana:
         De un lado, las miserias del ser humano llevadas a límites extremos de crueldad y de maldad, de una irracionalidad escalofriante, todo lo cual no merece más comentario que el del desprecio más absoluto.
         Y de otro lado, la cara opuesta, la que sí quiero comentar, y en la que sí quiero profundizar, porque soy un convencido de que ésta es la verdadera cara del ser humano, de la gran mayoría, que no puede quedar empañada por el fanatismo y la sinrazón de unos pocos.
         Esta es la cara que ofreció y que asombró al mundo un pueblo herido en el alma, que dio una hermosa lección de solidaridad, de madurez, de sensatez y de civismo ante una situación extrema y crítica. Médicos, enfermeros, bomberos, policías, y tantos otros, no solo cumplieron con su deber de profesionales, de magníficos profesionales, sino que estuvieron muy por encima  de las circunstancias y trabajaron hasta la extenuación. Y ¿Qué decir del ciudadano de a pie, de esos voluntarios que se ofrecían por doquier para colaborar y para ayudar en lo que fuere? Esta es la verdadera cara de este pueblo y de este país del que  hoy más que nunca me siento orgulloso.
 
 


Mi intervención en la presentación del libro "Lorca, el día T" el 3 de enero de 2012.

La pongo porque esta fue la primera vez en la que me senté en una mesa frente al público para presentar un libro.
 
Excmo. Sr. Alcalde, Señoras y Señores Concejales, Sra. Presidenta de la AA.VV “La Viña”, Sra. Presidenta de la AA.VV. “La Viña de San Juan”, vecinos y amigos, buenas noches.
          
           Desde la misma tarde de aquel fatídico 11 de Mayo de 2011 en el que nuestra ciudad fue tan cruelmente golpeada por la Naturaleza, sentí la necesidad de expresar mis sentimientos y mis pensamientos. Y fue la noche del 23 de Junio, en un día tan especial para este barrio porque en otras circunstancias debieran haber comenzado nuestras tradicionales fiestas de San Juan, cuando me decido a sentarme frente al ordenador para empezar a darle forma a este proyecto, que como en él mismo digo, no es más que una de las miles de historias que se podrían contar, tantas como ciudadanos vivimos en primera persona aquella trágica tarde de primavera.
           Desde siempre me ha gustado leer, y también escribir, algo esto último que ha resultado ser una sorpresa para muchos, aunque no tanto para quienes me conocen bien. Por supuesto que éste no es el libro que yo hubiera deseado elegir para hacer mis primeros pinitos en el mundo de la escritura, pero os tengo que decir que en el tiempo que ha durado su preparación, me ha ayudado a llevar de mejor talante esta pesadilla que para mí como para tantos de nosotros supuso lo acontecido aquel 11 de Mayo. Es como si al exteriorizar mis sentimientos, resultara liberado de una pesada carga.
          Así pues, este pequeño libro, es mi particular historia de los terremotos, tal y como yo los viví, y en el relato, he ido intercalando varios poemas, concretamente sonetos, de siempre mi composición favorita, ya que los veo como pequeñas construcciones, pero suficientes para hablar de alguien o algo de una forma clara, concreta y concisa. También he intercalado durante el relato algunas decenas de fotos, muchas de ellas personales: mi calle, mi edificio, mi casa, entre otras. Algunas de ellas no son de suficiente calidad para apreciarse  como se debiera, pero no es el objetivo principal de este pequeño volumen. Con los poemas, dedicados a Lorca y sus cosas, y escritos todos ellos con anterioridad al 11 de Mayo, he pretendido quitar algo de dramatismo al relato, deseo haberlo conseguido. También deseo que la lectura de este libro, o simplemente su sola existencia nos sirva para recordar aquello que pasó, no solo a nosotros los miles de afectados, que difícilmente lo podremos olvidar, sino a todos aquellos en cuyas manos está la llave de nuestra recuperación y de nuestra vuelta a la normalidad. Así mismo, como también digo en alguna de sus páginas deseo fervientemente transmitir un soplo de esperanza para nuestro pueblo y para nuestra gente, en la completa seguridad de que nos levantaremos y seguiremos caminando con más fuerza que nunca.
           El acto de esta noche podría haberse realizado en cualquiera de los sitios para estos eventos de los que disponemos en Lorca, pero desde el principio tuve claro, que si este proyecto llegaba a ver la luz, como felizmente así ha sido, tenía que ser aquí, en mi barrio (la Zona 0) y con mi gente, y creo que el escenario no puede ser más apropiado que esta construcción prefabricada realizada tras el derribo de  la Iglesia de Cristo Rey  que tan seriamente resultó dañada y que podemos contemplar en la portada de este libro.
          Quiero dar las gracias a Don Juan José, párroco de Cristo Rey, por habernos cedido la Iglesia para celebrar esta presentación donde yo quería, y a mis amigos y compañeros de la Junta Directiva de la Peña Madridista “Ciudad del Sol”, porque han hecho de ésto algo suyo organizando este acto sin que tenga que preocuparme de nada.
         Mi agradecimiento a María Dolores Hernández Verdú, Presidenta de la AA.VV. La Viña por aceptar mi petición  de realizar el prólogo.
          Al escritor lorquino Andrés Ruiz Sanz que pese a su insultante juventud ha publicado ya dos libros, los cuales me permito recomendaros, gracias por confiar y guiarme en este humilde proyecto, por escribirme el epílogo y por acompañarme en esta presentación.
          Y por último, gracias por vuestra asistencia, es un verdadero honor sentirme acompañado de tantos amigos. Gracias a todos, y muy especialmente a quienes habéis venido de fuera, haciendo el esfuerzo de desplazaros en esta noche en la que los ecos de la cercana navidad aún están presentes.  Y nada más, mi ferviente deseo de un feliz año para todos y de que este pequeño libro sea de vuestro agrado.

                                                                     MUCHAS GRACIAS.